IBIRICO

               Nací en Marruecos y crecí en la mítica ciudad internacional de Tánger, eso me brindó una serie de privilegios durante mi infancia y juventud: el respeto, la coexistencia pacífica y el vivir en civilizada armonía, con multitud de nacionalidades, razas y religiones. Tuve la necesidad de conocer otras lenguas para poder comunicarme en aquel entorno. La lectura temprana de libros de Sartre, Camus etc. hacen de esa etapa, una parte imprescindible para la evolución de mi pensamiento y posterior proceso creativo. Fue el punto de partida para mi andadura por lo irracional.

                Crucé el estrecho y me planté en el Madrid de los sesenta, dónde gracias a mis conocimientos de varios idiomas, conseguí un trabajo en la década siguiente, que me llevaría durante treinta y tres años a atravesar el atlántico y otros mares, emulando a Colón, pero cambiando las carabelas por reactores. De esta forma, conseguí visitar más de cincuenta países. Aproveché esa oportunidad y visité talleres y estudios de renombrados artistas, poetas, escritores , etc… Con muchos de ellos, participé en variadas exposiciones. Las ganas de interconectar culturas hacen que en 1995, creara y editara AMAE, combinando el mail-art, la poesía visual, pintura grabado y demás artes que dieron cómo resultado más de 400 exposiciones internacionales.

               Y fué en 2006 cuando, después  de muchos años de viajes y  con millones de kilómetros a mis espaldas, me prejubilé. Ese mismo año, mi maestro y amigo José Hernández me comentó que tenía un encargo de dos murales de 11x3,5 m. que le había hecho el Ayuntamiento de Leganés y  me propuso ayudarle a realizarlo. Por supuesto que acepté y me encaminé hacía el Sur, concretamente a Villanueva del Rosario, precioso pueblo de la serranía de Málaga, dónde tenía el estudio (un antiguo molino), allí montamos su  particular "taller renacentista", cómo él lo bautizó. Estuve ayudándole a ejecutar esa maravillosa obra titulada "Tiempo de Claroscuro", durante casi un año. Trabajar junto a un pintor de la talla de José Hernández, fue una experiencia extraordinaria e inolvidable a nivel artístico y personal.

              En cuanto a mi pintura, cuando la racionalización no se da en la imagen de una obra mía (algo que ocurre a menudo), ésta, automáticamente queda relegada a un “sin sentido” y por lo tanto no es aceptada por la razón que de inmediato la califica de “paradójica” … Y me pregunto: “¿Por qué toda obra ha de tener una explicación lógica?” Así soy yo, la recreación de lo absurdo…

(Realización Ayoze O`Shanahan)